Isabel Bonilla nos cuenta lo que aprendió de su viaje a Silicon Valley.

Visitar Silicon Valley, en general La Bahía de San Francisco, ha supuesto una oportunidad para aprender de quienes nos llevan años en innovación y en desarrollo.

Lo que está claro es que no es casual que empresas como HP, Apple, Google, Facebook, SalesForce, Intel, Cisco o LinkedIn estén concentradas en el Norte de California.

Por eso es indiscutible que algo tiene que tener el lugar para que todas hayan nacido o tengan sus oficinas allí. Ha habido intentos fallidos de emular el espacio en otras partes del mundo pero, al conocer el Valley, me doy cuenta de que son muchos los elementos conectados entre sí y que es harto difícil reproducirlos en otro lugar. Sin embargo, sí se puede aprender de ellos, tratar de aplicar algunas de sus lecciones a nuestros negocios y, no dejar de soñar con que Valencia pudiera ser el reflejo europeo del cosmos californiano.

Las principales lecciones que cargué en mi mochila fueron:

  • Hay que pensar a lo grande, tener vocación por trascender.

Me sorprendió la ilusión por cambiar el mundo que tienen las personas, las empresas, los proyectos. Esa mentalidad te obliga a pensar en positivo y, ya sabemos cómo funciona la reciprocidad de las cosas, “lo bueno” contagia a “lo bueno” y viceversa. Me pareció una actitud fantástica para enfocarse en lo que te ayuda a crecer y luchar por algo más grande y significativo.

Como piensan a lo grande, dedican grandes esfuerzos y se empeñan día y noche en lo que creen que valdrá la pena, que crecerá globalmente, que tendrá impacto en la sociedad y, así lo trasmiten a su alrededor.

En este sentido, el dinero es lo último que buscan, sus propósitos son más trascendentales.

 

  • No hay que tener miedo a fracasar.

A pesar de que el 90% de las empresas fracasan en Silicon Valley, persiste la sensación de tener éxito en todas partes. Lo tienen muy claro “Fail fast to suceed sooner” (Falla rápido para tener éxito antes).

En España todavía tenemos mucho que aprender del concepto fracaso, dándonos una lección magistral en este sentido: el fracaso es parte del proceso de aprendizaje, de crecimiento, de mejora y, en consecuencia, es parte del éxito.

 

  • Tener la mentalidad de un viajero.

Hay que mirar las cosas como las ve un turista cuando las descubre por vez primera. En Silicon Valley se fijan en los detalles como si nunca antes hubieran tenido contacto con las cosas, esa mentalidad les hace apreciar matices que con otra mirada se perderían.

 

  • Crear equipos diversos, pero con una única cultura y con fuertes canales de comunicación. La diversidad está presente en todas partes, la ves y la respiras en profundidad a cada paso que das.

 

  • Divertirse en el trabajo, rodearse de personas que te gusten.

Si vas a tener un proyecto tan ambicioso entre tus manos y quieres que salga bien, rodéate de gente que te guste, de gente que te impacte en positivo, para que las relaciones fluyan en el mismo sentido.

 

  • No debemos parar de innovar pero hagámoslo sencillo.

Hay que centrarse en lo esencial y seguir desarrollándolo pero de forma sencilla, no merece la pena complicar las cosas innecesariamente. La transformación y la innovación son Actitud de mejora que debe estar presente en cada rincón de la empresa para crear soluciones que aporten utilidad a lo que hacemos.

 

  • La excelencia es compartida, ¡siempre!.

Las ideas no valen. En Silicon Valley lo tienen muy claro y el Trust Factor es un “Must”, la mentalidad de compartir está totalmente extendida, lo importante no es la idea, es el cómo se hacen las cosas. Y cuanto tú das, recibes también de los demás.

 

Fueron estas las principales ideas que metí en mi equipaje de vuelta pero, sobre todo una, que lo importante para APREHENDERLAS no se consigue al escucharlas o verlas con tus propios ojos sino que se consigue HACIENDOLAS. Para la gente de Silicon Valley los proyectos son un maratón, no un sprint. Y en ello me encuentro yo…

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