Volver a casa: el choque cultural inverso

Como expertos en repatriación del talento o retalent, en Bo Growth sabemos que se trata de un proceso con mayor complejidad que un reclutamiento “local”. A veces los plazos de incorporación deben ser más dilatados ya que implican trámites, mudanzas, búsquedas de casa, cambios de colegios, etc. Se deben gestionar correctamente las expectativas para que tanto empleado como empleador mantengan una relación duradera y satisfactoria y otras veces las dificultades radican en la readaptación psicológica a la cultura local, algo que habitualmente se infravalora.

“There’s no place like home” decía Dorothy en el Mago de Oz pero incluso en esta afirmación debemos observar matices cuando hablamos de procesos de retalent.

Son muchas las cosas que pueden cambiar en el periodo en el que estamos en el extranjero. Desde las pautas profesionales, a los aspectos culturales y los hábitos sociales. Las sociedades modernas y los países evolucionan a la carrera, el cambio se ha instaurado en nuestras culturas y los ecosistemas varían con rapidez y a priori, pueden ser menos cómodos de lo esperado para los que vuelven.

La segunda migración

La vuelta al país de origen suele convertirse en una segunda migración de forma que nos podemos sentir extranjeros en nuestro propio país. Es lo que se denomina choque cultural inverso, conocido también como el “síndrome del viajero eterno”.

Este shock puede pillar desprevenido al candidato independientemente del tiempo transcurrido desde su marcha o las veces que haya vuelto a visitarlo. Volver a casa implica, en el ámbito profesional y también en el personal, reiniciar un nuevo proceso de adaptación al terreno.

Supone un choque emocional que obliga a una puesta al día, a una adaptación al nuevo entorno porque nos puede ocurrir que, estando en casa, no nos sintamos en ella.

Puede llegar incluso a acarrear síntomas que van desde la irritabilidad a la tristeza, nostalgia, ansiedad y en los casos más graves, a la depresión. Además, en muchas ocasiones se generan sentimientos contradictorios: por un lado, la felicidad por la vuelta a casa y por otro, cierta tristeza en la desorientación al no encontrar el lugar que uno tenía cuando se marchó.

Pensamos cuando nos marchamos que a nuestro regreso todo permanecerá igual y no debemos olvidar que todo cambia, el contexto, las personas, las familias, absolutamente todo, y nosotros también cambiamos con ello.

Etapas del proceso de vuelta

La migración de retorno a veces puede ser más impactante que la inicial de ida. Cuando nos marchamos damos por hecho que vamos a un entorno “desconocido”, nos preparamos psicológicamente para ello, mantenemos la guardia alta y provisionamos cierta cuota de “incomodidad inicial de adaptación”. Pero cuando regresamos a casa, nos encontramos muchas veces desarmados, con la sensación de un confort que en su día existió pero que debe volver a ganarse e incluso con una idealización del país de origen que choca con la realidad de lo cotidiano.

El proceso del choque cultural acuñado por el antropólogo canadiense Kalervo Oberg (1961) pasa por diferentes etapas estudiadas psicológicamente y se identifican cuatro etapas con síntomas comunes:

  1. La primera fase de este proceso consiste en el inicio del ritual de despedida y el inicio de las acciones para el retorno.
  2. La segunda fase se conoce como la “luna de miel” donde la emoción del reencuentro con familiares, amigos y espacios añorados inunda los sentimientos.
  3. A continuación, es la etapa donde realmente se sufren las consecuencias negativas del choque. Volvemos a establecer una cotidianidad pasada la emoción inicial, las decisiones que debemos afrontar pueden llegar a ser abrumadoras, no reconocemos algunas rutinas, nos encontramos desubicados. Aquí es cuando pueden presentarse sentimientos negativos como irritabilidad, soledad, incertidumbre e insomnio.
  4. El ajuste final de integración es la etapa final. Cuando se ha completado el proceso de reintegración y negociación, dejamos de añorar el antiguo país de acogida y se fortalece la vida presente, enfocándose hacia los nuevos retos personales y profesionales que la nueva elección de vida nos brinda por delante.

La experiencia siempre suma y nos aporta una perspectiva más completa como personas y profesionales. El secreto está en gestionar las expectativas y los procesos de manera correcta para que se produzcan en las condiciones óptimas y se pueda volver a desarrollar de nuevo todo nuestro potencial en un “viejo-nuevo” entorno de la manera más orgánica posible.

Conscientes de la importancia que este proceso puede tener para el éxito del regreso de los candidatos, en Bo Growth con nuestro programa de retalent apoyamos a los profesionales en esta travesía, colaboramos en su integración y fomentamos su adaptación para que recuperen un lugar en su país.

Nuestro objetivo consiste en que el retornado valore positivamente su experiencia tanto de ida como de vuelta y en asegurarnos de que, a pesar de que en ambas ocasiones supone un esfuerzo, va a tener su merecida recompensa.

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